escritos por Maese Leocadia de Villa Obsidiana

Yo, Maese Leocadia de Villa Obsidiana, he recibido el encargo de escribir los anales de Mundo Celeste, y lo hago sabiendo que la historia no la hacen los cronistas, sino los que nunca la leerán. Aquí quedará lo que vi y lo que me contaron, y procuraré que lo segundo no pese más que lo primero.
Mundo Celeste es una tierra rodeada de mar, de bosques tan espesos que a mediodía parece de noche, desiertos donde el viento cambia las dunas de sitio cada noche, pantanos de aguas quietas y praderas de hierba alta donde nadie camina sin su Poké Ball a mano. En ella viven, desde que hay memoria, personas y Pokémon, y nunca se ha sabido del todo quién cuida de quién.
Dracovia, que presumía de no haber declarado nunca una guerra, se extendía por dieciséis pueblos y tenía su capital en San Cobalto. La gobernaba Martina Ruiz Peña, y en su Liga reinaba Enrique Sáez Carmona, el Campeón. Allí los niños recibían a los diez años, su primer compañero de manos de Inés Robles Reyes: Seedot, Fennekin y Quaxly, a elegir.
Más allá estaba Pyrenia, con cinco pueblos y la capital en Robledor; una tierra que miraba a sus vecinos con desconfianza y entrenaba soldados. Mandaba allí la gobernadora Adriana Aguilar Santiago, pero a quien de verdad admiraban los niños era a Gabriela Durán Lorenzo, la Campeona. Al cumplir los diez, cada niño de Pyrenia recibía su primer compañero de manos de César Benítez Suárez: Bellsprout, Litten y Tympole, a elegir.
En Albador latía el corazón de Estelaria, región de dos pueblos que miraba a sus vecinos con desconfianza y entrenaba soldados. Su gobierno estaba en manos de la gobernadora Ainhoa Iglesias Moreno, y su estadio, en las de Víctor Costa Sanz, el Campeón. También allí, a los diez años, los niños recibían su primer compañero de manos de Claudia Puig Reyes: Treecko, Litten y Tympole, a elegir.
Nerevia, que presumía de no haber declarado nunca una guerra, se extendía por tres pueblos y tenía su capital en Salitrelia. La gobernaba Esteban Santana Gallego, y en su Liga reinaba Valentina Gallego Pérez, la Campeona. Allí los niños recibían a los diez años, su primer compañero de manos de Cristina Soler Marín: Snivy, Magby y Totodile, a elegir.
Ya entonces había sombras. El Sindicato Neón, que dirigía Nicolás Crespo desde Cala Helecho, y Los Colmillos, que dirigía Martina Giménez desde Ciudad Arce, vivían de lo que otros no vigilaban, y en más de un pueblo se cerraba la puerta con doble vuelta.
Y había lugares a los que nadie iba. Los viejos hablaban de seis santuarios perdidos, en cumbres, simas y arboledas, donde dormían criaturas más antiguas que los propios pueblos. Quien las buscaba solía volver con las manos vacías. Algunos no volvían.
Así era el mundo cuando empecé a escribir. Lo que sigue es lo que le pasó.
Año 1

principios de la primavera del año 1
La primavera del año 1 empezó en Mundo Celeste con un aire más limpio de lo habitual, como si el cielo quisiera disimular lo que traía bajo el polvo de los caminos. En las ciudades y pueblos, la gente se organizaba para lo cotidiano: abrir los comercios, revisar el lomo de las bestias, levantar temprano el humo de los fogones. Sin embargo, bastaba con mirar hacia las sendas que conducían a las cumbres, a las arboledas y a las simas que nadie nombraba sin bajar la voz: los viejos santuarios estaban volviendo a reclamar atención, y con ellos un rumor de fe nueva y de negocio antiguo.
En Pyrenia, Emilio Robles Herrera, entrenador de 36 años, descubrió el santuario Pradera del Alba, hogar del legendario Meloetta. La hierba allí parecía recordar melodías, y el mundo se volvió breve: aun cuando la historia no dice captura ni dominio, la aparición bastó para que el resto de la estación se inclinara hacia el mismo centro, como un rebaño que oliera tormenta. Casi en paralelo, Pol Flores Amaya, de Dracovia y 26 años, encontró la Arboleda Sagrada, hogar del legendario Wo-Chien; sus hojas, según contaron después quienes miraron desde lejos, guardaban una solemnidad incómoda, como si cada tronco hubiera aprendido a juzgar.
No todo fue silencio. En Nerevia, Alicia Rubio Hernández, de 35 años y alto mando, halló la Fosa Silenciosa: un lugar que no admitía prisa, y donde la oscuridad parecía tener música propia. Mientras tanto, Gabriela Durán Lorenzo, campeona de Pyrenia, descubrió el santuario Pico Sombría, hogar del legendario Melmetal; y ella misma lo enfrentó, venciendo a Melmetal, si bien el legendario huye malherido sin ser capturado. No fue un final, sino una herida que dejó rastro. El mismo patrón, como si los santuarios tuvieran su propio modo de decir “todavía no”: Aarón Méndez Álvarez venció a Meloetta en Pradera del Alba y el legendario huye malherido sin ser capturado; Daniel Santos Ibáñez derrotó a Wo-Chien en Arboleda Sagrada y el legendario hizo lo mismo, malherido y sin caer. Cuando Rafael Soto Esteban, alto mando de Dracovia, descubrió Ruinas Olvidada, hogar del legendario Zekrom, el hierro del suelo pareció reírse del miedo; y, aun así, Aarón Méndez Álvarez volvió a ganar, mientras Zekrom huye malherido sin ser capturado. En Glaciar Sagrada, Carmen Hernández Crespo, líder de gimnasio de Dracovia, halló a Kyurem: lo venció, y Kyurem huyó malherido, negando trofeo. Y Valentina Gallego Pérez, campeona de Nerevia, venció a Suicune en Fosa Silenciosa, pero el legendario huye malherido sin ser capturado.
Entre tanto milagro interrumpido, las políticas mostraron su reflejo. Dracovia seguía con gobierno pacifista en manos de Martina Ruiz Peña, y su Campeón Enrique Sáez Carmona caminaba entre rumores como quien mide el peso de una hoja mojada. Pyrenia, en cambio, con gobierno militarista de Adriana Aguilar Santiago y campeona Gabriela Durán Lorenzo, parecía mirar los santuarios como frontera. Estelaria, con política militarista de Ainhoa Iglesias Moreno y campeón Víctor Costa Sanz, mantenía sus propios nombres en reserva. Nerevia, gobernada pacíficamente por Esteban Santana Gallego y con campeona Valentina Gallego Pérez, elegía el control antes que el estruendo, aunque no por ello faltaran sombras.
Porque las sombras también avanzaron con disciplina. Luna Torres Marín, policía de Nerevia, detuvo a Martina Giménez Prieto, la Profeta, jefa de Los Colmillos: primero por 1 delito, luego por 2, después por 3 y finalmente por 3 delitos, con condenas que fueron creciendo hasta los 7 días. Cada detención dejaba un hueco breve y una ocupación más dura: Los Colmillos siguieron siendo la razón por la que en más de un pueblo se cerraba la puerta con doble vuelta. Y como si se respondieran mutuamente desde lugares distintos, nació Team Sombra en Pueblo Trueno, liderada por Daniel Navarro Gutiérrez, y luego nació Cártel Magma en Zafirodor, liderada por Mateo Guerrero Pascual; también hubo manos que intentaron frenarlos. Claudia Fuentes Navarro detuvo a Daniel Navarro Gutiérrez como jefe de Team Sombra, con condena de 5 días; Teresa Moya Gil hizo lo propio más tarde, con condena de 7 días. En el sur del conflicto, Yago Lorenzo Ruiz detuvo en Pyrenia a Rubén Márquez Hernández, jefe de Cártel Magma, con condena de 4 días; Carla Alonso Rubio lo hizo de nuevo, con condena de 5 días, y en ambas ocasiones el delito acumuló peso en vez de desaparecer.
Donde la ley apretaba, el culto se arremolinaba. Daniela Soto Sáez, la Profeta, fundó Culto de Wo-Chien en Pyrenia en torno al legendario Wo-Chien; Martina Giménez Prieto fundó Culto de Meloetta en Nerevia en torno a Meloetta; Blanca Sanz León, la Profeta, levantó Hermandad de Kyurem en Pyrenia alrededor de Kyurem. Roberto Moreno Castillo, el Profeta, abrió Iglesia de Suicune en Nerevia alrededor de Suicune; y Joaquín Moya Sánchez, el Profeta, fundó Culto de Melmetal en Dracovia alrededor de Melmetal. No eran sólo devociones: eran redes. Mientras las rutas a los santuarios seguían siendo peligrosa promesa, estas nuevas casas de fe ofrecían orden, palabras y una esperanza que se parecía demasiado al cálculo.
La vida corriente, por su parte, insistía en cambiar de forma: hubo nuevos líderes de gimnasio en Villa Granito con Guillermo Torres Marín, en Villa Hierro con Paula Prieto Morales, en Villa Helecho con Mar Amaya Reyes, en Villa Pizarra con Pol Flores Amaya, en Villa Obsidiana con Jorge Velasco Ortiz, en Ciudad Pizarra con Óscar Martínez Rojas y en Pueblo Niebla con Sofía Soler Soler, además de Gael Fernández Ortega en Granitolia y Sofía en el lugar de la sombra. Nora Álvarez Cano arrebata su puesto en el Alto Mando de Dracovia a Adriana Núñez Marín; y hasta dentro de lo pacifista se oían cuchicheos, porque surgió un movimiento independentista en Villa Pizarra encabezado por Hugo Rubio Cruz.
Hubo afectos, también: en Ciudad Arce, Pau Pulido Gómez y Ariana Celeste Romero Silva se casaron con 0 invitados, como si el mundo no concediera espacio a los espectadores cuando tantos ojos buscaban lo imposible. Y hubo pérdidas que no hicieron ruido pero pesaron en el balance: murió Cristian Puig Vidal, de Dracovia, por una larga enfermedad; y la gente corriente perdió a Carolina Rubio Carmona, por un fallo del corazón.
Al término del periodo, Mundo Celeste sumaba 466 habitantes, y cuatro bandas activas —Sindicato Neón, Los Colmillos, Team Sombra y Cártel Magma— se repartían el aliento de los pueblos. A la entrada de la primavera, los santuarios habían devuelto leyenda y heridas; al salir de ella, devolvieron rutas, dogmas y vigilancia. La estación, en suma, había enseñado que incluso lo sagrado huye malherido… y eso, en este continente, siempre tiene consecuencias.